In memorian



Decime Adolfo decime, que Justo lo estaba esperando.


Adolfo Alfonso: 1924-2012

EDUARDO, ERAS LEON


A Eduardo, por supuesto, y a Ivonne, porque sí:

-Caminemos, que no se nos pierda la memoria.

Hoy no está ni el jefe de pieza, ni el teniente ni el lento. El viaje ha comenzado y Rogerio Mateo pisa una piedra:

-Tú siempre fuiste modesto Eduardo -te dijo y siguió -incluso cuando eras un león escuchando los pasos en la hierba de Zamora.

-¡Qué noche capitán! -le dijiste pero enseguida te acordaste del viejo y del horno en aquella asamblea. -¿De los electrodomésticos nada no? -preguntaste.

-Rosendo el cojo se lo ganó, pero no han dicho nada aun. Urbano tiene miedo que haya hasta muertos al final del día.

-¡Coño pero es una cuestión de principios! -dijiste.

-Si pero tú sabes como es eso, este año es el aniversario y se quiso hacer como un homenaje.

-Nah, deja la sonata nocturna esa, se lo dan por lástima

-¡Coño Chino!, no confundas la lástima con el amor

-¿Amor? deja la balada esa tigre, el amor solo es posible cuando pienso en Ivonne.


Buenos Aires, 9 de mayo de 2011



Con tantos palos que te dio la vida
y aún sigues dándole a la vida sueños.
Eres un loco que jamás se cansa
de abrir ventanas y sembrar luceros.
Con tantos palos que te dio la noche,
tanta crueldad, frío y tanto miedo.
Eres un loco de mirada triste
que sólo sabe amar con todo el pecho,
fabricar papalotes y poemas y otras patrañas
que se lleva el viento.
Eres un simple hombre alucinado,
entre calles, talleres y recuerdos.
Eres un pobre loco de esperanzas
que siente como nace un mundo nuevo.
Con tantos palos que te dio la vida
y no te cansas de decir ”te quiero”.

Fayad Jamis

In Memorian


En mi primer y fugaz viaje a Cuba depués de irme me quedé con las ganas de verlo, si bien hablé con él por teléfono y corroboré que el interés era mutuo.

Dos años más tarde, con un poco de más tiempo se dió el encuentro aunque no en la mejor circunstancia: Una camilla en una sala del Hospital La Covadonga fue el lugar de encuentro. Tomás estaba recién operado.

Así y todo la charla fue amplia y provechosa, y en un segundo que el chino y Nilda salieron a fumar, recordé con él la tarde áspera en que le monté una guardia a la salida de su oficina para que me firmara la carta de autorización para mi viaje.

Hacía una semana que la había solicitado por las vías formales a través de su secretaria sin respuesta; hasta que ese día me le planté en la oficina, y siendo ya las siete de la tarde, salía él portafolio en mano cuando me vió. Visiblemente ofuscado y sabiendo mi respuesta me preguntó ¿qué quieres? Que me firme la carta, le dije yo mientras le acercaba la hoja. La leyó apenas y abrió la puerta de su oficina: Pasa, me dijo, mientras añadió, ésto no se hace así. Encendió su Pentium  III y a golpe de teclado redactó la nueva carta, la firmó y nos quedamos hablando.

Tomás sabía que yo me quedaba, que no volvía, aunque nunca me lo dijo explícitamente ni siquiera creo que haya sido su intención darlo a entender. Los consejos se mezclaban entre palabras de dirigente obstinado con las de un padre, pero eran absolutamente sinceras. Yo no pude reciprocar su sinceridad, me faltan (aun) años de retórica y labia para sortear la ambigüedad con tanta destreza. Me cuide de no mentir, pero no basta para ser sincero y esa tarde en La Covadonga se lo dije y le ofrecí mis disculpas. No chico no, tu no tienes nada de que disculparte, me dijo. Y lo dejé, con Ficciones, un abrazo y un Cavernet Sauvignon que espero haya podido degustar.

Tomás ha muerto en agosto, y yo me enteré ayer. Según leo, dos semanas después se fue Nilda, su compañera de toda la vida. Él no era creyente, como tampoco lo soy yo, pero si eventualmente después de morir se "va" a algun lado, me conmueve que no se haya ido solo.

Foto de Alan Clements.

De cigarros y otras cuestiones II

Pero fumar suaves en Cuba era complicado, sobre todo, cuando no existía el Hollywood y uno se quería dar coba fumando algo que no fuera los desprestigiados Aromas. El Visant vino a suplir esa vanidad: Costaba sólo 0.60 USD, era una caja con naylito al estilo H. Upmann, más agradable a la vista y un sabor menos rancio.

Pero sucumbí. Todos fumaban Populares, y en una época de vacas flacas, comprendí la necesidad de apegarme al standard nicotínico cubano y fumar fuertes (cómo todo el mundo). Y sólo entonces comprendí el oxímoron que entraña que el cigarro suave más "popular" de Cuba se llame Aromas, y la vomitiva impotencia que genera (en un fumador de fuertes) darle una insulsa, etérea y a la vez asquerosa patada a un Aromas. No obstante y aunque no lo parezca, le guardo un cariño especial al suave, casi el mismo platónico cariño que le guardo a mi primera novia (que si lee esto, me querrá matar sin dudas y no sin razón).